- Voto nulo y activación conservadora, Alberto OlveraLa súbita emergencia de una gran corriente de opinión que favorece la opción del voto nulo en estas elecciones debe ser entendida en su complejidad de actores, posiciones y consecuencias. Acostumbrados a pensar en el corto plazo, olvidamos con frecuencia que el fenómeno que atestiguamos representa la confluencia de distintos movimientos, y cada uno representa una diferente constelación de intereses, impulsa proyectos políticos y articula potenciales alianzas cuya activación en el contexto político actual puede conducir a consecuencias no pensadas. Como sabemos, el país sufre una crisis de gobernabilidad y una crisis política y de la moral pública ante la pérdida de legitimidad de las instituciones electorales y de los partidos. Estas crisis coinciden ahora con una crisis económica terrible, lo cual ha aumentado el malestar ciudadano y ha agotado la paciencia de las élites. En este contexto debe ubicarse el nuevo movimiento. Conviene recordar, primero, que el movimiento encabezado por el subcomandante Marcos en 2006, La otra campaña, expresó ya una forma de la antipolítica. Apeló a sectores populares radicalizados que tiempo atrás habían dejado de sentirse representados políticamente por la izquierda partidaria. Este movimiento rechazaba la política institucional y proponía un programa inviable: la creación de formas de autogobierno local predicadas en el modelo de los “caracoles” zapatistas. Este sector popular marginalizado de la política, que en ese momento era una minoría dentro de la izquierda, hoy ha crecido exponencialmente y no tiene canalización política ni organización. El movimiento por el voto nulo expresa la reacción de una parte de la élite intelectual y de un sector de la élite social (sobre todo jóvenes de clase media de grandes ciudades) ante la imposibilidad de hacer rendir cuentas a la clase política e influir en la agenda pública. Es una reacción a su exclusión del sistema político. Estos sectores recurren a los métodos de la política moderna: blogs, cadenas de e-mails y de teléfonos celulares, y apelación a la televisión por medio de acciones simbólicas o el uso de sus redes personales intraélite. Este es un movimiento nuevo, que muestra un nivel de activación de un sector de la juventud hasta ahora pasivo y concentrado en la vida privada, que carece aún de un programa coherente más allá de la protesta simbólica. Pero un sector mucho más amplio de la juventud, el popular, está ausente. Al parecer por esta ocasión su vía de protesta será otra vez la abstención, pero las fuerzas tectónicas que se acumulan encontrarán salida. La “comentocracia” está dividida. La mayoría de los intelectuales cercanos a una trayectoria civil y con simpatías de izquierda favorecen el voto nulo como expresión de protesta contra el sistema de partidos vigente. Es una posición derivada de la conciencia del fracaso de la transición democrática. Hay una búsqueda de castigo a la clase política y de apertura a su propia participación. La mayoría de los intelectuales liberales se oponen a esta opción convencidos de que la democracia electoral, como el mercado, encontrará una vía automática para reformarse. El argumento es débil y va contra las evidencias de los 12 años pasados. Otro elemento actual es el protagonismo, alimentado por la tv, de ciertos líderes empresariales que emergieron en años pasados con la agenda de la seguridad pública. Alejandro Martí ha formado el “Pacto nacional ciudadano”, que tiene el mérito de tratar de forzar a la clase política a asumir compromisos con una agenda que sintetiza una parte del reclamo democrático: reducción del número de diputados y senadores; instrumentos de democracia directa; reducción del costo de la política, candidaturas independientes, seguridad. No es una agenda nueva, pues estas demandas están en el debate desde que en 2001 se habló de reforma del Estado. Lo nuevo es el apoyo de las televisoras. Esta poderosa alianza podría ser un movimiento político si las candidaturas independientes fueran aprobadas, dando lugar a un fenómeno hasta ahora no visto: candidaturas provenientes de la de la élite social con una agenda centrada en la seguridad pública y el rescate de la autoridad del Estado. Sería una derecha social que no tendría frente a sí una oposición equivalente en la izquierda social, hoy carente de visibilidad, recursos y liderazgo. La combinación de un gobierno que ha tomado como modelo a la Colombia de Uribe (la seguridad como eje) con la activación civil conservadora apoyada por los medios (a la cual pude subirse el PRI por razones electorales) abre un riesgo de profundización de la hegemonía de la derecha que padece el país desde el inicio de la transición. Si bien el voto nulo es hoy una alternativa para la sociedad civil progresista, debe cuidarse que esta acción no termine de abrir las puertas a una derecha que tiene mucho más poder que sus oponentes. Sociólogo |
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