- Al filo de la navaja. ¿Votar, no votar, anular el voto?, Raúl RamírezRaúl Ramírez Baena Al filo de la navaja. ¿Votar, no votar, anular el voto? 02-Julio-2009 El Vigía El derecho a elegir a nuestros gobernantes y representantes populares ha sido, durante muchos años, una demanda fundamental de los mexicanos, pero no sólo para acceder a la democracia electoral, sino también a la justicia social, a la equidad y a la igualdad. Conquistar el derecho al voto en México costó sórdidas guerras intestinas y contra el intervencionismo de mediados del S. XIX, después de la Independencia, saliendo triunfantes los liberales con Juárez a la cabeza tras la promulgación de las Leyes de Reforma y el establecimiento del Estado Laico y el Estado de Garantías, refrendados en la Constitución de 1917 (ambos, hechos papilla por el PAN con la complicidad del PRI, que hoy “reclama” el uso faccioso y electoral de Calderón de la campaña contra la “delincuencia organizada”, supresora de las garantías). Más tarde, acabar con la dictadura porfirista costó al país más de un millón de vidas; en el S. XX, en las décadas de los 50, 60, 70 y 80´s, los ferrocarrileros, los mineros, los maestros, los médicos, los estudiantes, los electricistas y los universitarios ofrecieron duras jornadas de lucha duramente reprimidas por los gobiernos emanados de la “Revolución”. Vencer a su vez la dictadura priísta y lograr el ascenso de la oposición (PAN) costó los muertos, desaparecidos, torturados y encarcelados del 68 y del 71 en la “Guerra Sucia”, el fraude del 88 que impuso a Carlos Salinas y los más de 600 perredistas muertos durante el Salinato y el Zedillato. En 1994, la sociedad civil se organizó en la figura de la Alianza Cívica Nacional para la vigilancia independiente de los procesos electorales, lo que tomó por sorpresa al régimen por la vasta participación ciudadana, experiencia que ayudó a revolucionar al IFE como organismo ciudadano autónomo, conquista social hoy frustrada por la partidocracia. Para los pueblos del mundo, la razón y esencia del voto, herencia del liberalismo político, es acceder a la democracia a través de un Estado de Leyes que garantice la igualdad, la justicia, la equidad, la seguridad y el respeto a los derechos humanos. Donde los gobernantes y los representantes populares obedezcan, interpreten y hagan valer la voluntad popular, no al revés, como ahora sucede en México. Es inútil hacer una larga lista de insidias, corruptelas, impunidades, fraudes, cinismos, injusticias, abusos y manipuleos, y otra lista de perversos personajes políticos, de políticos que saltan de un partido a otro y de un puesto a otro, y de poderes fácticos (transnacionales, clero, empresarios, televisoras, narcos, etc.) que controlan a la Nación. Es el reparto del poder, de las prerrogativas, de las instituciones y de la riqueza nacional mediante corcertacesiones, privilegios, cuotas de poder, etc. Ha sido probado en tan corto tiempo (2000 al 2006) que la ansiada “alternancia” no sirvió para nada; que el cambio de partido en el poder no representó garantía de “transición”. ¿Qué diferencia hay en un gobierno federal del PRI y en otro del PAN? El voto nulo Reconociendo que el voto es un derecho, el ciudadano tiene la opción de votar por algún candidato, anular su voto o abstenerse de acudir a las urnas. Esas son las opciones, y a pesar de que lo ideal es que la gente vote, el voto nulo se promueve hoy como un ejercicio de derecho electoral. No es la anulación por pereza o desinterés sino como vía de protesta y de castigo a la partidocracia. Es una forma pacífica y silenciosa, en la soledad de la urna, de decir ¡ya basta! Aunque es obvio que por ahora no va a tener ningún impacto en el reparto de las curules y las prerrogativas. Sin embargo, una torcida interpretación legal de los órganos electorales (IFE y TEPJF), que han demostrado su falta de autonomía ahondando la desconfianza en su actuación, podría manipular los votos nulos en el conteo y reparto porcentual de las diputaciones federales para beneficiar a unos y perjudicar a otros. Para observar su desempeño en lo general en este proceso electoral, se ha creado el Comité Conciudadano, importante esfuerzo de organizaciones civiles y personalidades a nivel nacional. Hay corrientes de opinión que aseguran que el voto nulo es promovido desde el gobierno para dejar sin registro a partidos como Convergencia, el PT y el PSD, sobre todo a los dos primeros, que son a los que apoya Andrés Manuel López Obrador. De esta manera, dicen, el PRI, el PAN y el PRD (léase los Chuchos) se desharían del incómodo Peje y se beneficiaría al Panal de Elba Esther. Otros, aseguran que son las televisoras porque buscan reformar la ley para volver a la libre y lucrativa contratación de publicidad electoral. Para encauzar la inconformidad, el 17 de junio pasado se creó la Asamblea Nacional por el Voto Nulo, entre cuyas cabezas se encuentran 34 organizaciones civiles y personalidades como Denisse Dresser, José Antonio Crespo y Sergio Aguayo, cuya honestidad, independencia y contribución a la democracia y a los derechos humanos a través de la investigación, la organización social y el periodismo, están a toda prueba. En última instancia, los ciudadanos tenemos derecho de utilizar el voto nulo como vía de protesta y de promoción del cambio de a deveras. El Artículo 39 de nuestra Carta Magna nos da la prerrogativa: “(…) El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”. ¿Más claro? *Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, A.C. |
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