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- Abstencionistas ¡Al ataque nacional!, Alvaro de Lachica

Alvaro de Lachica

Abstencionistas ¡Al ataque nacional!

24-abril-2009 El Vigía

Alianza Cívica, Ensenada B.C. – Hace un par de meses, escribí un artículo titulado : “VOTO BLANCO”, refiriéndome a la obligación ciudadana que tenemos para presentarnos a votar éste próximo 5 de julio, pero en lugar de votar por alguien, anular nuestro voto como un rechazo a la clase política, sin distingos partidistas.

La abstención crece y llamar a incrementarla no sería muy respetable, sino más bien conectarse en una ola que nada constructivo puede traer al país. Aunque la Constitución dice que el voto es un derecho y una obligación, de facto en México votar es un derecho solamente, ya que la abstención no conduce ninguna sanción, como sí sucede en otros países de América Latina y que bueno que así sea… sólo un derecho. La abstención se incrementa porque, en efecto, hay un malestar en relación a los partidos y a los políticos. Diversas encuestas han recogido ese sentimiento y uno mismo puede recoger esa antipatía hacia el mundo de la política.

Para aquellos ciudadanos a quienes ningún partido nos convence, porque no vemos gran diferencia entre ellos, puede surgirnos la duda de que es más conveniente y racional; ¿anular el voto o simplemente abstenerse? Eso depende de varios criterios. Por un lado, está la concepción del acto mismo de votar; ¿es un deber cívico o un derecho político? Formalmente son las dos cosas, pero en la mente de cada individuo puede predominar alguno de los dos significados. Para quien considere que votar es esencialmente un derecho, y ningún partido le llame la atención, puede serle atractivo simplemente abstenerse. Estaría renunciando voluntariamente a ese derecho y no sentiría ningún resentimiento cívico por ello.

Para quienes en cambio sufragar es un deber cívico (aunque no haya sanción legal), puede haber un cierto “costo moral” al no presentarse a votar. Pero si además ningún partido nos convence, la forma de resolver este dilema es anulando el voto, de esta forma habríamos cumplido con nuestro deber cívico de votar. ¿Por quién? …Por nadie.

El problema está en que legal y consti¬tucionalmente, ni la abstención ni el voto en blanco son eficaces, al menos a corto plazo, para cambiar la forma de hacer polí¬tica, ni por supuesto, las estructuras socio¬políticas; aun reconociendo la enorme y meritoria labor de conciencia que han llevado a cabo algunas agrupaciones en pasadas elecciones, promoviendo sin descanso el voto en blanco con muy consistentes razones.

Presentar un nuevo partido ciudadano, tampoco ten¬dría sentido, pues los condicionamientos existentes le obligarían a entrar por el siste¬ma en que están enmarañados los demás partidos. Igualmente, proponer una nueva ley desde la iniciativa popular no parece poder llegar lejos, pues aparte de la difícil recogida de miles de firmas, la ley propuesta habría de ser debatida por los menos inte¬resados en que salga adelante, ¿por quienes? …claro, por los roñosos de siempre: los partidos políticos.

Un comienzo del camino podría ser, integrar a nivel nacional un colectivo ciudadano que pudiera llamarse: “Ciudadanos en Blanco” y que este colectivo se pudiera formar como un no-parti¬do, con la finalidad de dar una salida con la fuerza social para que se modifiquen las leyes electorales correspondientes o se pro¬mulgue una nueva ley para que se computen los votos en blanco en igualdad de condi¬ciones, con los de las candidaturas. De modo que se dejen sin ocupar -queden vacíos- los escaños que, por el número de votos en blanco emitidos, pudieran corres¬ponderles.

Vamos a pensar, que si se lograra el 2 por ciento de la votación efectiva nacional, se le entregarían a este no-partido 10 curules que quedaran vacías, ¿Cómo la ven?

Mientras esa ley no se promulgue, Ciu¬dadanos en Blanco, podría presentarse a las elecciones, pediría el voto para su formación, comprometién¬dose a dejar vacíos los propios escaños que pudieran corresponderle. Por lo demás, Ciudadanos en Blanco se disolvería inmediatamente después de que la ley que solicita fuese aprobada; pues no tendría nin¬guna voluntad de poder.

¿Quiénes podrían formar parte de Ciudadanos en Blanco? Pues todas las personas independientes, no profesionales de la política y estaría abierto a la participación de todos los ciudadanos que por diferentes razones de conciencia no se sientan representados por los partidos políticos existentes. Pero en el actual sistema electoral el voto en blanco no significa nada, se ignora. De esta manera, Ciudadanos en Blanco promovería la visibilidad y representatividad de ese voto crítico.

Como el financiamiento forma parte de nuestra crítica al actual sistema electoral, se me ocurre que debemos utilizar medios muy austeros para la puesta en marcha de esta propuesta. Ciudadanos en Blanco deberemos contar básicamente con trabajo y aportaciones voluntarias y contar con los medios para darnos a conocer. Podríamos pensar en la difusión a través de Internet para extender nuestro movimiento a todo el país.

De verdad que me resisto a votar en julio por cualquier partido principal cuyos dirigentes son los buenazos de siempre o ¿Votar para perpetuar el redituable negocio personal de algunos parttidos? ¿Votar por cualquier alianza con la que la señora Gordillo (Elba forever!) perpetúe su control en tres partidos al mismo tiempo?

El voto en blanco no es de izquierda ni de derecha. El voto en blanco es de esos ciudadanos que nos atreveríamos este 5 de julio, a votar en blanco o anularlo, porque precisamente nosotros con nuestro no-voto mostraríamos rechazo a los actuales partidos políticos y a su forma de hacer política.

No es igual que ciudadanos dispersos anulemos nuestro voto que miles de ciudadanos articulados formemos una agrupación que sirva como caja de resonancia. Ese gran conglomerado constituido por los que planean abstenerse, sería mejor que se presentaran a votar pero que anularan su voto. Cualquier cosa es mejor que las obligaciones cívicas de un país que no ha encontrado la democracia y está perdiendo el rumbo.

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